jueves, 13 de noviembre de 2014

  

                                                     El Purgatorio





El hombre primitivo pensaba que si alguien le hacía una fotografía le robaba el alma. Sentía un respeto supersticioso por las imágenes: él era él, pero también su imagen, y quien le hacía una fotografía le robaba un pedazo de sí mismo. Me pregunto cómo se sentiría aquel hombre en este mundo donde cualquiera podría robarle el alma con el teléfono que lleva en el bolsillo. La desacralización de la imagen, aunada a la masificación de los teléfonos con cámara, ha convertido cualquier espacio público en un coto de fotógrafos espontáneos. Ya no puede uno perder la compostura, ni hurgarse la nariz, ni relajarse hasta que aflore la sonrisa idiota, sin la zozobra de que alguien haya disparado su Samsung e inmortalizado el momento.


La suma de teléfonos con cámara en un restaurante no solo son el ojo que todo lo ve, también son el archivo que todo lo guarda. Un archivo que, visto por aquel hombre primitivo, sería un calabozo lleno de almas. Haría uno bien si cada noche borrara las imágenes de las personas para liberar a las almas de su prisión. El selfie, desde la perspectiva de nuestro hombre primitivo, adquiere un nuevo significado: el del acto por medio del cual una persona se roba el alma a sí misma, como quien se roba su propia billetera. Aunque es verdad que el rizo todavía podría rizarse, si este individuo se hace el selfie mientras se roba a sí mismo. La nanotecnología ha logrado reducir una biblioteca de miles de libros al tamaño de una tableta, y una discoteca de miles de discos al tamaño de un artefacto de la talla de un mechero. También ha logrado que millones de personas, al tener tantas almas prisioneras en la memoria del teléfono, lleven un purgatorio portátil en el bolsillo.










                                                   Comentario Crítico


El tema de este texto es sobre las fotos. Nos habla sobre que el hombre pensaba que al hacerle una foto le quitaría una parte de sí mismo y pensaba que se moriría por tantas fotos que había hecho. Decía que los móviles hacían las fotos y las guardaban, es para él era como una amenaza (el selfie). Por eso se dice que las personas llevan purgatorios ellos mismo, en sus bolsillos (móviles)



Este texto se divide en tres partes principales El primer párrafo nos habla de la introducción sobre el tema. Desde el segundo párrafo hasta las dos últimas líneas nos desarrolla de que va el texto, es decir, el cuerpo. Y por último está la conclusión que se ve reflejada en las dos últimas líneas del texto.



Yo pienso que el autor de esta obra tiene razón al decir que todo el mundo tenemos cámaras sean digitales o sean en los móviles, pero tenemos la posibilidad de hacer fotos, guardarlas y que sean un tipo de amenaza. Pueden ser perjudiciales sobre todo para los famosos, cuando se rumorean romances, bromas, parodias, etc. Y no estoy de acuerdo que la fotografía se de uso para ese tipo de cosas, si no para otras cosas más importantes, como por ejemplo la cultura. No es que esté en contra de las fotografías, lo contrario acepto las fotos porque a la vez son recuerdos pero no para el mal uso. A veces puede tener la parte positiva de un recuerdo o la parte negativa de alguna que haya estado en mal uso.

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